Fue un lunes de abril. Salía de mi clase de canto y me dirigía a rápidamente (Soy de muy rápido caminar) a la estación Ferroviaria de Remedios de Escalada para tomarme allí el colectivo que me dejaría cerca de casa. Estaba abatido luego de un largo día de trabajo.

Fue cuando me encontraba esperando que el conductor pusiera en marcha el vehículo cuando mi celular dio un pequeño pitido acompañado de una leve vibración. Lo saqué de mí mochila, lo prendí y luego de poner algo de música leí un mensaje un poco extenso de una persona seguidora de la página. Me basto solo leer unas pocas líneas para concordar con él una entrevista.

Fue el sábado siguiente cuando me encontraba caminando por la plaza Fuerza Aérea Argentina en el Barrio de Retiro. A pocos metros del barcito que habíamos pactado para encontrarnos y escuchar su relato. Una vez sentados en una mesa metálica detrás de un ventanal y de haber pedido algo para tomar, Quique (Seudónimo elegido por mi entrevistado por no querer revelar su identidad) comenzó su relato:

Quique: No hay peor cosa que vigilar durante la noche una casa antigua. Durante mi carrera de vigilador he pasado días y noches en lugares aislados, abandonados y realmente tétricos. Pero nunca me voy a olvidar de lo acontecido aquellas noches de Julio en el Barrio de Palermo cuando me trasladaron a una antigua casona que quería remodelar para usar como departamentos. La misma estaba cerca de la altura al 2000 de la calle Emilio Ravigniani.

Recuerdo que apenas llegue hice un rápido estudio del lugar. El mismo era espacioso. El olor a viejo y cerrado se notaba en el aire y apenas te dejaba respirar. La electricidad solo funcionaba en la escalera y en el primer piso dejando el resto del edificio completamente a oscuras. El agua salía turbia de las canillas y los muebles estaban repletos de polvo y un extraño olor como a podrido.

Fue la primera noche en la que note algo extraño y fuera de serie en el lugar. – La persona que tenía delante de mi parecía rememorar algo que estaba enterrado bajo siete llaves en sus más oscuros recuerdos – Cuando terminé de cenar quise lavar los platos en la cocina del primer piso y descubrí que no tenía agua. No me quedo más remedio que bajar y utilizar las instalaciones de la planta baja. El tema era que las mismas estaban completamente a oscuras.

Baje con una linterna de mala muerte y no sé porque me sentía observado. Eso me hizo asustar en parte. Decidí no prestarle atención a ese extraño sentimiento y llevar acabo lo que tenía pensado hacer.

Lavé los platos rápidamente en el primer baño que encontré y subí. No sabía si me mente me había jugado una mala pasada, pero por un momento antes de llegar a la escalera sentí como si algo me jalara del dobladillo de mi pantalón. Algo similar me paso más tarde cuando intentaba dormir un poco. Sentía que una mano fría me tocaba el cabello. Fue una situación de película de terror.

La segunda noche paso lo peor. Eran aproximadamente las tres y media de la mañana cuando un teléfono empezó a sonar en la oscuridad. Claro que no me acerque para ver de dónde venía el ruido y más en una casona como esa. Más tarde algunas de las luces del primer piso empezaban a pestañear y se quemaban. Era como si la oscuridad quisiera reinar en aquel lugar. Lo extraño era que cuando se cambiaban las lámparas quemadas por otras buenas estas últimas también dejaban de funcionar. Esa noche ya no pude dormir.

La tercera noche fue igual de extraña que la anterior. Me había situado en una habitación con todo lo necesario como para no salir de ahí a menos de que tuviera la necesidad de ir al baño. Puede sonar a miedoso lo que te digo, pero es horrible cuando sufrís así por laburo y más aún cuando necesitas de la guita que este te da. – Acoto Quique luego de acabar su cerveza. Afuera, el sol iluminaba el barrio – Como te estaba diciendo, me había acuartelado en esa habitación y luego de una cena ligera (No tenía mucho apetito) y al cabo de un rato, escuché el sonido de mi celular a la distancia. Un objeto que hasta hace unos pocos minutos tenia a menos de un metro sonaba desde la distancia en esa oscuridad que tanto empezaba a odiar y temer. Recuerdo adentrarme en las sombras de la casa y para luego descubrir el equipo en una de las habitaciones del oscuro segundo piso. Fue en ese momento, cuando luego de muchos años de no hacerlo, rece con todas mis fuerzas.

Esa misma noche trate de ponerme en contacto con el grupo GAIAP, un grupo dedicado al estudio de lo paranormal acá en Argentina. Lamentablemente como se necesitaba un permiso escrito del dueño del lugar no pude lograr que vinieran a ver qué pasaba.

La mañana siguiente me dirigí a la Iglesia más cercana y le conté la experiencia vivida al sacerdote. Me acompaño hasta el lugar y a la luz del día y con todas las ventanas abiertas y todas las cortinas corridas bendecimos el edificio de punta a punta. Luego él me conto que el movimiento de objetos es algo posible. Que algunos espíritus con una determinada cantidad de fuerza tienen la capacidad de mover algunos objetos por el entorno.

Luego de dos noches tranquilas recibí el llamado de mis superiores solicitando un cambio de guardia. Gracias al cielo me sacaron de ahí y me mandaron a Retiro. Acá a unas cuadras. Por suerte no volví a tener una situación semejante.

 * * *

Quique se había quedado en silencio. En sus ojos se notaba el sufrimiento de recordar aquellas noches de su vida. Aquellas vivencias que lo atormentaron largas horas en su trabajo. Proseguimos a hablar de temas como el clima, el extraño y prematuro frio de otoño y lo jodido que es el Barrio de Retiro a ciertas horas de la noche.

Al cabo de un rato ya estaba sobre un colectivo de la línea 45. Transporte muy usado para viajar de Lanús a Capital (Ya sea a Retiro, Constitución o Ciudad Universitaria). No podía evitar pensar en el miedo que infundía la oscuridad en aquel lugar a esa pobre y valiente persona que solo trataba de llevar adelante su trabajo.

El miedo a la oscuridad (también conocido como Nictofobia) es algo sufrido por muchos. Especialmente por los que sufrimos en ella cosas aterradoras. Son muchas las personas que inclusive no pueden dormir en la penumbra y por lo menos necesitan una luz tenue para no caer en la desesperación. Relatos y vivencias como esas disparan mi mente y mis recuerdos no puede evitar irse hacia hacia mi juventud cuando esa misma oscuridad expulsó desde su profunda negrura algo horrible y terrible ante mis ojos de niño. Algo que marco mi vida por siempre y me ínsito luego de unos años a tener interés por este tipo de vivencias.

Pero ese relato, mi propio relato. Lo dejare para la próxima.

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2 thoughts on “Lugares Malditos – Experiencia Paranormal en el Barrio de Palermo

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