Érika me observaba desde el otro lado del monitor a través de su Webcam. Recién había llegado de su trabajo y aun llevaba su uniforme de trabajo. Las ojeras de sus ojos denotaban cansancio luego de estar todo un día a las corridas desde la madrugada. Pese a que me había adelantado algo por correo electrónico su relato despertó en mi gran curiosidad.

No es de extrañarse que en un lugar donde la gente nace y muere continuamente sucedan cosas extrañas e inexplicables. Sanatorios, Hospitales y hasta Salas de primeros auxilios. Todo lugar donde haya una muerte es un buen lugar para que los espíritus y entidades que no pudieron ascender a su nueva vida y estén rezagados en este plano puedan manifestarse y hacer de las suyas.

Según mi entrevistada, empleada en el sector de maestranza de un sanatorio del Barrio de Colegiales. Hace unos años atrás había sucedido una desgracia en el quinto piso. Lugar donde se encontraban las instalaciones de pediatría y neonatología una pequeña infante falleció por un cáncer que se había apoderado de ella. Apenas con unos  cinco años recién cumplidos y festejados improvisadamente en aquella clínica había abandonado este mundo en forma física y había dejado a una familia quebrada y devastada.

Es por eso que muchas veces, alrededor de las doce de la noche, se sienten extraños ruidos en aquel lugar del edificio. Pisadas apresuradas y livianas como si fuera un niño o una pequeña jugando en los pasillos. Muchos cajones se abren solos como por arte de magia. E inclusive varias mucamas y enfermeras que están en el turno nocturno tienen alarma de habitaciones vacías y escuchan una especie de risa infantil en los internos.

Pese a muchos intentos de poder capturar a esta entidad ninguna fotografía ni cámara de seguridad lo pudo registrar. Solo aquellos pocos empleados de aquel lugar son quienes conocen sus secretos. Aquellos que cada mañana cierra algún cajón que la noche anterior estaba cerrado. Aquellos que escucharon pisadas al otro lado de un pasillo abandonado. Aquellos que escucharon esa pequeña risa de niña del otro lado del interno. Aquellos que todos los días se enfrentan cara a cara con la mismísima muerte.

Fue una entrevista breve y extraña. No soy partidario de dejar un relato a merced de pequeños pulsos eléctricos que transforman ceros y unos en un rostro en la pantalla o una voz en un altavoz. Pero agradecí aun así a la buena predisposición de Érica un poco de su tiempo libre aquella madrugada.

No pude evitar, luego de su pequeña vivencia investigar sobre las apariciones y los sonidos que se producen en aquellos recintos donde la parca esgrime su guadaña a diario. Los resultados eran curiosos y hasta escalofriantes. Hay mucho por averiguar, por investigar, por socavar y por llevar a la luz.

Por lo pronto. Muchas gracias Érika por todo lo aportado y compartido!

 

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