Como todos sabemos hay siete juegos prohibidos en esta tierra. Entre ellos se encuentran la ruleta rusa, no mires atrás, el demonio en el espejo, la tabla ouija y el juego de la copa. Hoy precisamente vamos a hablar de este último. Un juego donde juegan tanto los vivos como los muertos.

Ambos juegos se utilizan para invocar el espíritu de un muerto y poder entablar un canal de comunicación con él. Lo más curioso es que para poder realizar este misterioso ritual solo es necesario unos cuantos papeles con un abecedario, números y las palabras “Si” y “No” como una simple copa. Esto hace que este juego tan especial pueda ser jugado en prácticamente cualquier lugar.

Muchos son los relatos que giran alrededor de este juego. Unos dicen que es una farsa mientras que otros no solo apoyan su veracidad sino le temen con absoluto respeto y temor.

El relato que compartiré con ustedes a continuación justamente trata sobre este juego y lo que género en un grupo de amigos en el barrio de Berazategui en la zona sur de Buenos Aires.

Una vez hace muchos años llego un rumor a mis oídos sobre un grupo de amigos (Muchos decían que eran seis) fue encontrado muerto y mutilado en un departamento abandonado a unas cuantas cuadras de la estación de Berazategui.

Mis conocimientos acerca de este juego no son muy profundos y, de hecho, nunca participe en una partida del mismo ni como integrante ni como observador. Pero es de público conocimiento que alrededor del mismo juego giran muchas teorías acerca de lo bueno y lo malo que puede acarrear jugarlo.

Al recordar el macabro hallazgo y al interesarme en lo “sangriento” del mismo no pude evitar mi curiosidad morbosa (Que estoy seguro que todos compartimos en mayor o menor medida) y me dirigí a las inmediaciones del lugar.

Precisamente fue el la peatonal principal (La 14 como le dicen los vecinos del lugar) donde comencé mi investigación.

Gisela: “Si, escuche que paso algo así a unas cuadras por acá. Encontraron a unos chicos muertos en un departamento abandonado. Dicen que se metieron y comenzaron a hacer un ritual satánico. Se drogaron mucho y termino en una tragedia”.

Marta: “No conozco muy bien la historia. Pero cuando me la contaron hablaron sobre un pacto con el diablo y paredes ensangrentadas. Mucha sangre. Eso es lo que vio la policía cuando llego al lugar”.

Mauricio: “Yo no creo en esas cosas del diablo y de los fantasmas. Pero un amigo mío que es fanatico de estas cosas fue un testigo de esta sobredosis de drogas y alcohol”.

No sé si le abre dado confianza al chico o fue la energía de mis deseos que al poco insistir pude lograr de que llamara a este tal amigo David y se acercara a un Starbucks situado en las inmediaciones de la Municipalidad de Berazategui.

Luego de una hora de esperarlo y ya con dos capítulos de un libro consumidos fue cuando me estaba dando por vencido y, dispuesto a abandonar el lugar, un joven bastante extraño con un look muy “llamativo” se acerca a mi teniendo en sus brazos una carpeta de color negro que cuidaba como oro.

Al rato de charlar un poco sobre la historia de los adolescentes el me conto lo que había visto y escuchado desde un departamento cercano al siniestro.

David: Lo recuerdo perfectamente. Era un viernes por la noche. Estaba atento al timbre porque había pedido una pizza en la pizzería de la esquina. Era de noche sin luna, un viento y frio tremendo y una copiosa pero débil lluvia de invierno. El televisor estaba en silencio y los parlantes de la Pc  solo sonaban ante el típico ruido de mensaje del MSN. Era lo único que tenia volumen ya que estaba esperando que un amigo me escribiera.

Fue a eso de las diez cuando la lluvia dio un respiro y escuche parte de una conversación muy extraña que procedía del departamento opuesto al mío que, curiosamente, estaba desocupado. Pude escuchar muy poco pero algunas palabras como “Espíritu”, “Copa”, “Velas”, y frases como “Estas entre nosotros?”, “Quien de nosotros morirá primero?” me hicieron entender que unos pibes se habían metido a la fuerza en un departamento  de los que estaban aun sin alquilar y montaron ahí una sección de espiritismo o simplemente se pusieron a boludear con el juego de la copa. “Unos tontos” – pensé – Pero lo curioso es que esas voces no me dejaban separarme de aquella ventana. Parte de mi quería escuchar todo y que la lluvia reanudara me obligo a estar más pegado a la ventana. Más atento.

Al cabo de un rato muy largo. Unos cuarenta minutos. Quizá una hora. El juego se puso más violento. Los chicos se pusieron más coléricos con el juego y una chica empezó a gritar. Era poco lo que podría ver desde donde me encontraba yo. Solo se veía la luces de unas dos o tres velas a través de unas cortinas” pero la chica se empezaba a poner nerviosa y fue tal el grito que pensé que la estaban violando, lastimando o algo parecido. Fue ahí cuando pude despegar los ojos de la ventana y pensar en lo sucedido.

Quizá era un grupo de adolescentes de esos que les gusta hacer rituales satánicos, quizá estaban alcoholizados o bajo el efecto de una droga. Lo primero que quise hacer fue acercarme al teléfono y dar aviso a la policía. Pero apenas tome el teléfono y escuche algo que no era de este mundo. Algo muy fuerte que iba más allá del volumen de las voces, de los gritos e inclusive que los ruidos que venían de la calle. Es el día de hoy que a veces me despierto de mis pesadillas escuchando ese grito, ese aullido no humano sino más bien animal que estallo en la noche. Una especie de lobo de pesadilla. Quede petrificado con el auricular en la mano no se cuánto tiempo hasta que unas luces brillantes y azules pasaron su reflejo por las cortinas de mi departamento y unos ruidos fuertes me indicaron que la policía había llegado al lugar.

Al cabo de unas horas los vecinos y yo estábamos en la puerta del edificio continuo y vimos como la policía científica, los bomberos y personal médico retiraban del lugar siete cadáveres ya cubiertos por esas bolsas negras de pesadilla.

A los pocos días llegaron a mi todo tipo de rumores. Uno de ellos decía que los chicos se habían juntado  a jugar al juego de la copa. Habían preparado un altar donde estaban acomodados papelas con letras alrededor de unas cuantas velas negras. Una estatuilla extraña, contaban, estaba en la habitación. Todos fueron encontrados en posiciones extrañas y en condiciones sobrenaturales. La sangre inundaba todo el lugar.”

Fue en ese momento de la conversación cuando David puso su carpeta oscura sobre la mesa y empezó a buscar unas cosas en ellas.

“Lo único que pude conseguir es una foto que le compre a un chico que se metió en el lugar poco después la policía lo haya limpiado y abandonado. En esta foto se ve una extraña figura en el piso y algo más horrible sobre ella. Pero es algo que para creerlo tenes que verlo.”

David me tendió una fotografía bastante borrosa. Claramente se veía una especie de estatua en el piso. Era una especie de figura humanoide senada en un trono con dos cuernos en punta alrededor de su cabeza. La calidad de la foto era pésima y el pegamento que uso para adherirlo a su carpeta había percudido un poco las capas de tinta de la fotografía. Pero cuando lo vi entendí porque era un suceso sobrenatural, horrible, sangriento y, sobretodo, demoniaco. Detrás de la estatua que reposaba en el piso había un arco negro que llevaba a una habitación continua. La oscuridad reinaba del otro lado del arco pero el flash de la cámara del fotógrafo adolecente dejo en evidencia una forma de terror. Una criatura no humana estaba en el lugar, a pocos centímetros de esa figura. Mirando sin expresión la cámara fotográfica mientras que, los rastros de sangre, formaban círculos extraños de complejidades geométricas en toda la habitación.

Por una cuestión personal de mi informador accedí a no copiar ni fotografiar esa imagen que, de por cierto, era horrible y atroz. No hay registros policiales del suceso. Son pocos los vecinos del edificio que no hacen la señal de la cruz cada vez que les es nombrado y recordado el suceso. ¿Un asesinato macabro y que luego llevo a cabo un suicidio? ¿Un ritual satánico que abrió un portal a otra dimensión infernal accidentalmente? ¿Los desvaríos de un loco fabulador que se nutren de un hecho de drogas o sobredosis para llegar a la fama? Eso es aun todo un misterio.

Mientras yo, no puedo evitar pensar en esa figura. Sea real o no. Con sus mirada inexpresiva y ese aura negra e infernal.

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